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Meditación de invierno: El calor del hogar interno

Meditación de invierno: El calor del hogar interno

Busca un momento tranquilo. Si puedes, apaga la luz y enciende una vela y colócala cerca de ti. Permite que su luz suave te acompañe como si estuvieses volviendo al calor de la cueva al rededor de una hoguera. Como hacíamos antes.

Siéntate cómodamente. Entorna los ojos y contempla la llama unos instantes. Deja que el vaivén del fuego te mezca y observa que ocurre dentro de ti.

Lleva tu atención a la respiración, sin forzarla…inhalando lento… exhalando aún más lento.

Imagina ahora que el invierno vive también dentro de ti.

Date un tiempo de silencio, de pausa, de recogimiento. No hay nada que demostrar. No hay nada que hacer.

Lleva una mano al pecho. Conecta con tu centro, tu corazón. Siente el calor suave, como un fuego pequeño y constante, una llama que sostiene tu vida, tus deseos, tus anhelos, todo lo que amas.

Con cada inhalación, ese calor se expande un poco más. Con cada exhalación, sueltas exigencias, prisas, mandatos.

Permítete sentir:

¿Qué necesita hoy tu cuerpo?

¿Qué necesita hoy tu corazón?

No hace falta resolver nada. Solo escuchar… y validar lo que aparezca.

Tal vez descanso. Tal vez silencio. Tal vez menos.

Quédate unos instantes habitando este hogar interno, este espacio seguro dentro de ti al que siempre puedes volver.

Cuando lo sientas, agradece este momento.

Respira profundo una vez más y, lentamente, vuelve.