Title Image

El arte, casi olvidado, de ir hacia adentro en invierno

El arte, casi olvidado, de ir hacia adentro en invierno

Desde una mirada integrativa, holística y conectada a los ciclos de la naturaleza, el invierno es una invitación al recogimiento, al descanso y a la escucha interna.

La naturaleza se repliega. Los árboles sueltan sus hojas. La tierra guarda su energía. Todo desacelera para preservar la vida. Y, sin embargo, el ser humano moderno vive de espaldas a estos ritmos. Pareciera que el invierno es un “error”.

El mundo no se detiene.La sociedad nos exige seguir produciendo, seguir rindiendo, seguir “mejorando”. Nos empuja a no parar, a no caer, a no mirar hacia adentro.

Porque si paramos…

si descansamos…

si nos escuchamos de verdad…

empiezan las preguntas incómodas.

Cuando nos escuchamos, algo se mueve. Cuestionamos lo que no nos nutre. Nos damos cuenta de que quizá no queremos vivir así. Y eso, para el sistema, es peligroso. Pero para la humanidad y la tierra es un salvavidas.

Por eso hoy queremos hablar de de este mandato silencioso y pesado que existe: “Hay que empezar el año con metas, con fuerza, con motivación, con más.”

Pero muchas veces el cuerpo no está ahí. Nuestra energía está en otro lugar y nuestra alma está pidiendo pausa, no impulso. Integración y no exigencia.

Cuando nos forzamos a seguir este ritmo y nos marcamos objetivos que no nacen del deseo real, sino de la presión externa, el resultado es conocido: frustración, agotamiento, sensación de fallo personal.

Creemos que hay algo mal en nosotr@s, o que la vida “no nos sale”. Y no. Lo que está desajustado es el mandato.

El invierno nos enseña algo radicalmente distinto: descansar es un acto de sabiduría. Ir lento cuando lo pide el cuerpo, parar, escucharse y cuidarse no es egoísmo, es  autocuidado y también eficacia energética. Respetar el ritmo interno es un acto de honestidad profunda.

Tal vez el verdadero crecimiento no esté en correr hacia nuevas metas, sino en detenernos lo suficiente para escuchar qué necesitamos de verdad.

El autocuidado honesto no promete soluciones mágicas. No va por la autopista de la productividad. Va por caminos más lentos, más silenciosos, más humanos.

Descansar.

Sentir.

Habitar el invierno interno.

Porque solo quien se permite ir hacia adentro puede, más adelante, volver a renacer con sentido en primavera.

Si consideras que te podemos ayudar, te esperamos en Espacio Lasai.